Uruguay es caro, pero no por las razones que nos dicen.
El alto costo de vida en Uruguay es una preocupación constante para sus ciudadanos, pero las explicaciones oficiales, como las ofrecidas por el actual ministro de economía del Frente Amplio, no resisten un análisis económico elemental.
Según el secretario de estado, el país es caro debido a su pequeño tamaño, que limita las economías de escala, y a los elevados salarios de los trabajadores.
Estas afirmaciones son falacias económicas que desvían la atención del verdadero problema, el excesivo peso del Estado.
Este artículo desmiente los mitos oficiales, explicando las causas del encarecimiento y el camino para mejorar el poder adquisitivo.
El mito del tamaño y los salarios

Contrariamente a lo que afirma el ministro, países pequeños no son inherentemente caros y naciones como Suiza o Singapur demuestran que un tamaño reducido puede ser una ventaja, permitiendo mayor flexibilidad, integración internacional y generación eficiente de riqueza.
Asimismo, culpar a los salarios elevados es un error que confunde causa con efecto.
Los tres elementos en juego aquí son el valor del salario, el costo de vida y la productividad.
El valor del salario
El valor del salario está en su poder adquisitivo o salario real, no en su monto nominal, lo que importa es cuantos bienes se pueden adquirir con el ingreso disponible, lo que nos queda para gastar y ahorrar luego que el estado lo ha diezmado.
Propongo un ejercicio sencillo: tome su recibo de sueldo y calcule el porcentaje que se le descuenta. Luego, considere el IVA (22%), los pagos asociados al uso de propiedades (patente, contribución inmobiliaria) y la liquidación del impuesto al trabajo.
Comprobará que más de la mitad de su ingreso es absorbido por el Estado, bajo excusas legitimadas culturalmente con el tiempo, disfrazando la confiscación como “solidaridad” o “justicia social”.
El costo de vida
El costo de vida no se debe a salarios altos, se debe al peso del estado reflejado en el precio de los bienes que compramos pero que no surgen por competencia.
Factores del encarecimiento son la carga de los monopolios estatales que fijan precios artificialmente altos como ANCAP, UTE y OSE, un litro de nafta es 30% más caro que en los países vecinos, la electricidad también lo es.
Elevados impuestos con un IVA al 22%, el Impuesto al trabajo (IRPF) progresivo hasta el 35%, castigando al que más se esfuerza, y con el IASS a los jubilados.
Barreras arancelarias y regulatorias que impiden la competencia y la eficiencia, es decir que impiden que las economías de escala ingresen al país.
Intervención estatal aliada a los sindicatos que desconecta los salarios de la productividad.
Los precios altos, no competitivos, son por la excesiva intervención del estado, que impide la espontánea coordinación del mercado que siempre asigna los recursos escasos a su mejor uso.
La productividad
Salarios reales elevados son sostenibles solo con mayor productividad, que es la relación entre la cantidad de bienes producidos y el factor utilizado.
Con baja productividad, es decir menos productos por factor trabajo utilizado, no podrán pagarse nunca mejores salarios.
El salario técnicamente se determina por el ingreso del producto marginal del trabajo, lo que el trabajador agrega en términos de ingreso (producto adicional por precio), que depende también del capital que el empresario pone a disposición.
Otra vez, están presentes el valor subjetivo y el principio de imputación de Menger, los precios son los que determinan los costos.
Así es, desde la Revolución Industrial, los salarios reales son cada vez mayores, porque los bienes se producen cada vez con menor uso de factores, salvo en los casos que el gobierno lo impide, salud, educación, energía, transporte, crédito, etc.
Somos caros, y no es bueno
A continuación, recojo algunos sencillos datos que nos posicionan como pobres relativos, la proporción del gasto familiar destinado a alimentos y la desproporción del crecimiento del peso del estado, considerando la planta de empleados públicos directos.
Aún el caso del empleado estatal, beneficiario o perceptores netos de los impuestos, en regímenes con avanzado nivel de estatización la población es mayormente pobre, salvo el grupo que gobierna.
Gasto en alimentación y pobreza.
Para esta comparación se utiliza la ponderación del rubro “Alimentos y bebidas no alcohólicas” del índice de precios al consumidor que calculan los gobiernos, junto al PIB per cápita de 2024 de cada país.
Cuadro: Gasto en Alimentos según el índice de precios y PIB per cápita (2024).

El gasto familiar promedio en los países ricos seleccionados es menos de la mitad (14%) del que se observa en los países más pobres (33%), destinado a alimentación básica.
Las regiones pobres, referidas en el cuadro, son las poblaciones del norte de Argentina y nordeste de Brasil.
Mientras mayor proporción del ingreso gasten las familias en alimentarse menos podrán satisfacer otras necesidades presentes y futuras, es decir ahorrarán menos, y la economía crecerá menos.
No es repartiendo lo que otros producen como se combate la pobreza, es ahorrando, invirtiendo y trabajando.
Población +2%, empleo público +35% en 25 años.
Otro indicador del peso creciente del estado, es la evolución del empleo estatal, que es una carga sobre la ciudadanía.
La población del país creció apenas un 2% neto, incluida la inmigración, unas 60 mil personas, y el empleo público directo pasó de 230 mil a 310 mil, 35% en los últimos 25 años.
En ese período, de 2005 a 2024, el incremento del empleo estatal se concentró en los tres primeros mandatos del Frente Amplio, siendo el mandato de José Mujica el de mayor expansión.
Conclusión
Los países pequeños, como el nuestro, están en mejores condiciones que los grandes para integrarse económicamente al comercio y crecer.
Los salarios no explican el alto costo de vida; es ese costo el que erosiona los salarios reales. Subir los salarios por decreto, sin mejorar la productividad, solo empobrece más a la población.
Lo que se necesita es más ahorro, inversión y trabajo productivo, y menos Estado erosionando los ingresos mediante impuestos, monopolios y regulación.
Redistribuir el ingreso no genera riqueza: solo condena al país a la pobreza, aunque se haga con más orden que en los vecinos.
Es urgente eliminar los monopolios estatales, reducir el gasto político y bajar impuestos. Solo así dejaremos de ser un país caro para vivir y pobre para progresar.
Referencias:
Ponderaciones del índices de precios al consumidor: USA https://www.bls.gov/web/cpi/cpi-relative-importance.xlsx; Suiza https://www.bfs.admin.ch/bfs/en/home/statistics/prices/consumer-price-index.assetdetail.15944831.html ; Brasil https://biblioteca.ibge.gov.br/index.php/biblioteca-catalogo?view=detalhes&id=297035 ; Argentina https://www.indec.gob.ar/
PIB per cápita 2024 en dólares: https://es.statista.com/
Oddone: “Uruguay va a seguir siendo caro y no es deseable que sea barato”; según Ceres, “no es una condena inevitable”
¿Uruguay está condenado a ser un país caro o hay margen para cambiar esa realidad? La pregunta volvió a encenderse luego de que el ministro de Economía, Gabriel Oddone, declarara que el país iba a seguir siendo “caro” y que “no es un objetivo deseable” transformarlo en uno barato, ya que implicaría reducir los salarios.
“Todo país pequeño es caro por definición”, argumentó Oddone en una rueda de prensa y, aunque reconoció que existen “enormes oportunidades” para mejorar la eficiencia del Estado y las regulaciones, aclaró que ninguna medida cambiará de fondo el problema: “No se va a resolver ni eliminar”. Para el ministro, parte del encarecimiento responde a que Uruguay tiene “niveles salariales comparativamente elevados” y que reducir el costo de vida implicaría afectar esos ingresos.
En respuesta, el economista del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), Nicolás Vidal, sostuvo que Uruguay no está condenado a ser un país caro y que hay margen para mejorar.
“Uruguay es caro, sí, pero hay una parte del problema que puede corregirse con decisiones microeconómicas”, escribió en su cuenta de X y luego añadió: “En Uruguay hay normas superpuestas, contradictorias, desactualizadas o con requisitos desproporcionados. Esto genera más carga administrativa, mayores retrasos, menos adopción tecnológica, barreras a nuevas empresas, y menor productividad e inversión”.
Según Vidal, “si bien hay razones estructurales que hacen que Uruguay sea caro (como la ubicación geográfica o el tamaño del mercado), también hay factores internos que podrían corregirse con voluntad política”.
…
“Ser un país caro no es una condena inevitable, sino una elección que tomamos si no reformamos las reglas del juego que nos traban”, concluyó Vidal.
G. Oddone. Marzo de 2019 Por qué Uruguay es caro:
https://www.elobservador.com.uy/nota/-por-que-uruguay-es-caro–201937135726
Informe: Por qué Uruguay es caro
1. Mercados con baja competencia e ineficiencias regulatorias: múltiples sectores clave (combustibles, energía, telecomunicaciones, transporte, salud), operando en mercados con escasa competencia, regulaciones débiles y precios regulados o subsidios públicos.
ANCAP, como entidad estatal con influencia en fijación de márgenes de distribución, limita la eficiencia en el mercado de combustibles.
La negociación colectiva con ausencia de parámetros eficientes en sectores con baja competencia —como salud o bebidas— facilita ajustes salariales que se trasladan a los precios finales.
Estos mercados poco dinámicos y dependientes de transferencias públicas permiten ineficiencias que influyen en los precios generales
2. Tamaño reducido del mercado interno: impide economías de escala y limita la especialización laboral e innovación, lo que dificulta la adopción de tecnologías eficientes, especialmente en sectores no exportables.
Las producciones de bajo volumen hacen inviables procesos altamente especializados, reduciendo la productividad en sectores como servicios profesionales, salud y finanzas
3. Rol del Estado y preferencias sociales: tradición de un Estado con peso significativo en la redistribución y gasto social genera un sistema impositivo y de servicios públicos de alto costo.
La población ha respaldado políticas que implican un Estado costoso desde el punto de vista institucional, lo que se traduce en niveles más altos de presión fiscal y costos más elevados en bienes y servicios.





Excelente Gonzalo, gracias por el trabajo que estás realizando en beneficio de todos!
Gracias estimado, busco aportar mi grano de arena a las ideas de la libertad, bien fundamentadas en la ciencia económica del método austríaco.
En este artículo vemos como un discurso simplista puede disfrazarse de verdad absoluta, cada uno de los puntos es fácilmente objetable
Una vez más Excelente!!!! En Chile estamos amenazados por el comunismo que pretende más Estado, ergo más pobreza.
Excelente nota, esclarecedora de una realidad objetiva que a pesar de los inconvenientes nos muestra el camino de salida para ser un gran país. Basta ver los resultados en Argentina, las ideas de la libertad son la receta para revertir una situación adversa como la nuestra.