Recién presentado el presupuesto quinquenal del Frente Amplio, el centro de estudios de la realidad económica y social (CERES) publicó un breve pero contundente análisis.
Allí se señalan discrepancias técnicas, supuestos contradictorios y la inviabilidad del cumplimiento, más allá del incremento del gasto.
Al notable trabajo de divulgación del equipo liderado por Ignacio Munyo, me tomo el atrevimiento de sumar datos y reflexiones que considero relevantes.
Desde la perspectiva de la escuela austríaca y a la luz de la experiencia argentina bajo el liderazgo de Javier Milei, este presupuesto no será inocuo: condena a Uruguay a un crecimiento débil y pérdida de competitividad regional.
Los salarios reales serán peores, me temo que en estos 5 largos años dejaremos de ser “Gardel” en la región y seremos más pobres todavía.
La imposibilidad de eficiencia estatal
En 2019 fui invitado por la Academia Nacional de Economía a exponer en la UDE (Colonia). El tema era la eficiencia y eficacia en el gasto estatal. Mi conclusión fue clara: es teóricamente imposible que el Estado logre eficiencia administrando recursos ajenos.

El economista Milton Friedman, premio Nobel en 1976, lo explicó con precisión: cuando alguien gasta dinero de otros en otros, no hay incentivo para hacerlo bien.
No importa cuán honorable sea el gobernante de turno, los recursos se dilapidan.
Este punto conecta con Ludwig von Mises y su obra “La acción humana”: el motor de la economía es la acción individual, las personas buscan mejorar su situación.
Cuando el Estado expropia recursos mediante impuestos y los redistribuye con criterios políticos, no solo limita esa acción, también degrada la eficiencia del sistema.
Las cuatro formas de gastar de Friedman
Cuadro de Origen y Uso de nuestro dinero.

Friedman distingue cuatro formas de gastar dinero. El Estado incurre sistemáticamente en las dos peores:
Gastar dinero de otros en otros: Conduce al despilfarro, porque falta información sobre el mejor uso posible.
Gastar dinero de otros en uno mismo: Quien reparte siempre se queda con la mejor parte.
Un ejemplo ilustra la magnitud del problema: se viralizó recientemente la comparación de salarios presidenciales en Latinoamérica. El presidente uruguayo percibe más de 14 mil dólares mensuales, el más alto de la región.
Javier Milei, en cambio, gana cerca de un quinto de esa cifra, pese a liderar hoy la economía con mejor desempeño, 12 millones menos de pobres y creciendo al 6% anual.
Imposibilidad de eficiencia con el gasto estatal
Titulé mi exposición en 2019: “Menos gasto para mejores vidas”, parafraseando al informe del BID de 2018, sobre la ineficiencia del gasto de los gobiernos de América Latina.
Con un promedio de 4,4% de ineficiencia técnica en el gasto público para la región, Argentina era el peor de la clase con un 7,2% y Uruguay tampoco lo hacía bien con un derroche del 3,7% del PIB.
Cinco años después nada indica que la cifra haya mejorado.
Cuadro: Informe del BID publicado en 2018

El análisis del centro CERES: más gasto, menos inversión
El siguiente gráfico muestra como los gobiernos anteriores no han hecho más que aumentar el presupuesto, especialmente en los dos primeros gobiernos del período iniciado en 2005, con “viento” a favor, boom de los commodities y favorables términos de intercambio.
Oportunidad en la que podía haberse saneado la macroeconomía, pero solo aprovecharon para establecer una red de clientelismo vía incremento del gasto social (estado de bienestar), más gasto de otros en otros, que crece más con cada administración.

Este presupuesto supone que el PBI crecerá el doble del promedio anual de la última década, del magro 1,1%, a un proyectado 2,4% anual hasta 2029, pero el crecimiento depende del gasto en inversión y en el plan presentado ese rubro es menor.
Conforme al enfoque de la Escuela Austríaca, solo la inversión privada financiada a partir de ahorro voluntario, doméstico o externo, puede generar un proceso de crecimiento sostenido, al reflejar una asignación intertemporal eficiente de los recursos.
Apostar al gasto estatal es repetir los errores del pasado.
La inflación dibujada
El presupuesto también proyecta una inflación de 4,5% anual, en el centro de la meta. La evidencia desmiente ese optimismo.
Con excepción de los dos últimos años del gobierno de Lacalle Pou, nunca se cumplió la meta inflacionaria durante administraciones frenteamplistas.

En el primer gobierno de Vázquez la inflación media anual fue 7%, Mujica promedió en 8%, en el segundo de Vázquez llegó al 8,2%, con una banda objetivo más amplia (3 a 7%) que la que se fijó posteriormente en el gobierno de Lacalle Pou entre 3· a 6%´
Para ese último gobierno de Vázquez al final del 2019 entregó una inflación del 8,8%, pero Lacalle Pou la dejó a fines de 2024 dentro de su meta en 5,1%.
Como en los casos anteriores, si la inflación no es contenida dentro de la meta, el tipo de cambio de $44,5 por dólar a 2029 parece más un deseo que una proyección realista.
La evidencia argentina: menor gasto, mayor crecimiento.
El contraste argentino es revelador, en menos de dos años, con un drástico ajuste del gasto, la famosa motosierra, Javier Milei logró revertir una de las peores herencias fiscales de la región.
- Eliminó el déficit desde el primer mes de gobierno, logrando actualmente superávit financiero, y puede pagar los intereses de la deuda.
- Redujo la deuda bruta en 50 mil millones de dólares.
- Sacó de la pobreza a 12 millones de personas.
- Sin más emisión para financiar al gobierno redujo la inflación mensual recibida del 25% a valores cercanos al 1,5% actuales.
- La economía crece con inversión genuina desde el primer año, este lo hace ya al 6%.
La tesis austríaca se confirma: cuando los recursos se asignan libremente, la economía crece. Juan Pablo Nicolini, economista argentino en la Reserva Federal de Minneapolis, ha publicado un estudio mostrando que un país con superávit fiscal puede crecer en promedio 4% anual, de piso. Argentina comienza a demostrarlo en la práctica
Conclusiones: presupuesto sin respeto de propiedad privada ni libertad.
La experiencia histórica y la teoría coinciden: no es con más gasto público que una sociedad prospera, sino permitiendo que los recursos permanezcan en manos de quienes los generan. Esa es la verdadera solidaridad: la voluntaria.
Desde la reforma de la constitución 1967 (art.46), el sistema político uruguayo monopolizó la solidaridad, nos ha robado también ese derecho, descansando la atención de los más humildes en manos de burócratas indolentes.
Es nuestro derecho natural poder asistir a nuestros hermanos menos favorecidos, que por tantos años quienes lo usurparon tanto los han descuidado.
Para sentar las bases de un crecimiento sólido en Uruguay se necesita:
- Sanear la macroeconomía reduciendo el gasto equilibrando las cuentas públicas, para poder bajar impuestos.
- Confeccionar un presupuesto serio de base cero previendo superávit fiscal primario, como lo hacen los privados, que permita reducir el stock de deuda antes que se vuelva inmanejable.
La riqueza mejor repartida solo se puede lograrse cuando los recursos quedan en manos de los mejores administradores del mundo: los propios trabajadores, quienes saben cuánto les costó producirla.
Referencias
Informe CERES: https://ceres.uy/index.php/estudios/ficha_estudio/240
Informe BID 2019 Mejor Gasto para Mejores Vidas: https://publications.iadb.org/es/publications/spanish/viewer/Mejor-gasto-para-mejores-vidas-C%C3%B3mo-Am%C3%A9rica-Latina-y-el-Caribe-puede-hacer-m%C3%A1s-con-menos.pdf





Y con la base monetaria que no para de crecer…
https://tradingeconomics.com/uruguay/money-supply-m2
Gracias por el dato, me es de gran utilidad.
Y por el comentario.